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Historia del hechicero mapuche

          Por primera vez , por lo menos en vizcacheras, tomo conciencia de lo efímero de las cosas terrenales.
          Cuando vine, me traje cuatro maletines de treinta y tres casettes , en cada uno de ellos había 2 LP de mi música querida, no escuchada en años.
          Los traje para recordar en algún momento a Vox Dei ,Almendra, Porchetto , Sui o León también Bach ,Prokoffief y Musorsky.
          Se borraron.
          Tengo mas de ciento veinte casettes en blanco ,allá fueron Ricardo Soule y Willy Quiroga.
          Tal parece que la vida de los casettes fue mas corta que la mía . En parte me alegro, por supuesto, pero me indignó esta trastada que me hace la modernidad justo cuando, con mi lámpara de escribir, como un sol sobre la mesa ,me preparaba para dejar volar la mente ,azuzada esta por mi recuerdos en música.
          Me levanté de la mesa ,para apagar el equipo y me enredé en mi sombra y me fui de cabeza al suelo. Desde allí ,dolorido, la vi dirigirse al equipo y mover las perillas, cambió de audio a radio .
          La cumbia llenó la casa .
          Moviéndose al compás de esos bochinches ,alimentada por la luz , volvió , se sentó a mi mesa , eligió un lápiz y empezó a escribir con su letra blanca en una de sus hojas negras.
          Sin hacer ruido me levanté y espié sobre su hombro.
          Empezó la hoja del lado derecho y su letra menuda corría hacia la izquierda . Debo tener una sombra judía me dije ,sabiendo que no hay ningún ascendiente español en el que no haya algún judío (ya que el pueblo español cobijó y ocultó a estos de Torquemada y sus muchachos.)
          Pero no, escribía en espejo como Leonardo .
          De buenas maneras la conminé a terminar con esto, sin dejar el lápiz, me hizo el siguiente gesto: apoyó la mano izquierda en el brazo derecho a la altura del codo y dobló ese brazo hacia arriba con el puño cerrado. Luego volvió a su escritura indescifrable.
          Reconocí el ademán de inmediato ; tentado estuve de terminar su rebeldía, pero ya con la perilla de la lámpara en la mano ,me acordé que nunca he sido dueño de nada ni de nadie y que por eso mismo la luz no puede ser mía.
          Por otra parte no podría apagar el sol mañana . La dejé escribiendo lo suyo, me acosté y me dormí a plena luz y con cumbia..
          Por la mañana desperté, con la luz aún encendida, mi pobre sombra estaba dormida sobre la mesa. La doblé con cuidado en varias partes y la guardé entre las páginas de un Martín Fierro de Eudeba ,el libro mas grande que encontré , para que no se levantara dolorida si la doblaba en partes mas chicas.
          Me llevé su escrito hasta el espejo del baño y así leí la siguiente historia:

Historia de la noche del hechicero mapuche

          Fue una semana terrible, rompí dos cubiertas de la Ford , a Maguirre no le llegó el proveedor con la ginebra , la chilena que limpia me rompió una jarra de Murano que me regaló mi viejo ,a Marcial se le rompió el motor de la lancha y así a todo el mundo. El diablo se vino a pasar el invierno a Vizcacheras.
          Para espantarlo alguien ,sospecho de una vieja en particular , se trajo al cura de San Antonio Oeste . Adiós mi sueño y descanso!.
          Este cura , Don ... , es un apasionado de la caza
          Para nosotros (es notable como me integré) eso no es un deporte , es un trabajo ,vamos en la Ford , a la noche, siempre los mismos cuatro ,con el reflector y la carabina a cazar liebres para venderle al Frigorífico.
          Tan pronto lo vi supe que íbamos a tener que salir a cazar a la noche, con el cura de regalo, en mi camioneta y sin rueda de auxilio.
          Salimos. Don ... ,Maguirre, el Choique (un pibe medio indio con pelo como alambres) en el reflector ,el hermano menor del Nacho y yo. A ultimo momento subió también el hijo de Marcial ,traía su carabina.
          Demasiada gente. Lo ideal son cuatro, uno maneja, otro alumbra, otro tira y otro se baja a buscar, eso es lo bueno, si tira mas de uno hay riesgo de que le peguen al que baja si entra alguna otra liebre en el campo de la luz.
          En este caso tiraba Maguirre, el cura y el hijo de Marcial ,malo, nunca se caza con gente que uno no conoce muy bien y menos de noche. Si a esto le sumamos la mufa que caía sobre el pueblo como un aguacero , esta era una salida insensata.
          Tal como Maguirre y yo preveíamos fue un gran fiasco , agarramos veintidós (no alcanzan para nada a once pesos cada una ,entre seis descontando las balas y la nafta).
          Cuando ,a las cinco, volvíamos ,ahí pasó: reventé al bajar una lomada, una goma delantera, con una lata o un vidrio. No se ,no es simple manejar a campo traviesa , de noche no ves las lomadas , casi volcamos.
          Don ... se enredó en el poncho y se pegó un porrazo de órdago.
          Pasamos lista, faltaba una carabina, la buscamos con el buscahuellas pero con la camioneta parada y medio hundida en la bajada , no se podía mover mucho, la encontramos al tanteo a la media hora y empezamos a caminar buscando el mar para ir costeando y no perdernos ,no había una sola linterna ,las liebres quedaron en la Ford, las carabinas no.
          Caminamos casi una hora por lo alto del acantilado, sin luz y lo que es aún peor, sin ginebra.
          En mitad de una de sus maldiciones el Nachito Chico vio la fogata y allá fuimos.
          Frente al fuego ,envuelto en una manta pampa, con grandes guardas negras y blancas ,rotosa y sucia(como culo de manco dijo el cura en voz baja) estaba un viejo de manos sarmentosas apoyadas en las rodillas, rodeado de latitas con fuego y montones de ataditos de hierbas secas , sentado con las piernas cruzadas. No se volvió a nosotros.
          La vista ,ojos ardientes que brillaban desde la sombra de la manta, en la espuma del mar que relumbraba allá abajo.
          Un hechicero indio.
          La clave de todos nuestros males.
          Saludando a los gritos me arrimé al fuego, le pregunté quien era, de donde venía, que hacía allí y que significaban esos yuyos y esas plumas esparcidas alrededor de él.
          No me miró, no contestó ni entendió nada .
          Le saqué la carabina a Maguirre que comenzaba a enojarse y este se adelantó, probó primero en inglés y luego en su defectuoso , gutural y casi olvidado gaélico.
Nada.
          Ahora lo intentó el cura en italiano y en latín.
          El brujo no se movía, seguía inmóvil ,mirando el mar fijamente.
Finalmente se le acercó el Choique y en perfecto mapuche lo interrogó a fondo , sobre su procedencia , sus fuegos y sus artes malditas.
          Ahora si dio ,el brujo, claras muestras de haber oído .
          Se incorporó, se sacó la manta de encima y comenzó a apagar las latitas y juntar los atados de yuyos, finalmente se irguió en toda su estatura.
          __ La reputa que los parió __ y agarró un palo .
          __Creo que eso no es latín ni mapuche__ dijo en cura consternado.
          A las carcajadas dejamos atrás al ahora linyera enfurecido.
Ya amanecía...

F I N

          Hasta aquí la historia que esa noche escribió la sombra , me indigné.
          La memoria es lo mío ,reconocí el cuento como una parte de Adanbuenosaires de L. Marechal , ambientada en nuestro pueblo.
          Sinverguenza !!!
          No incluiré esto en mi libro.