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Historia de la Harley en Vizcacheras

          El ruido de la moto, roncaba como un tigre, nos congeló, en la mesa del fondo ,la de los vascos, donde se juega al mus. Ibarbia acababa de gritar “Órdago”. Nunca entendí ese juego.
          La figura tapó la puerta, oscureciendo así el boliche. Casco de cuero , de aviador de la primera guerra mundial, antiparras de la misma época, ropa de cuero negra ,botas con tachas, pelo largo, grande como un oso, se sacudió el polvo pateando el suelo con esas botazas ,el boliche tembló, y saludó
          __Buenas tardes a todos__ dijo la voz finita.
          Se llamaba Elsa, se tomó una botella de cerveza de cara al mostrador, a su espalda nos mirábamos unos a otros, levantando las cejas como interrogándonos ; Ibarbia debe haber perdido una mano buena porque todos dejaron las barajas para mirarla bien.
          Debía pesar unos ciento diez o ciento veinte kilos, era mas grande que la moto Harley que, ahora en silencio, la esperaba en la puerta como un caballo fiel.
          Por fin eructó y se dio la vuelta . De cara a nosotros preguntó:
          __Donde está la maldita victrola?
          Me sentí como una cucaracha al tener que decirle que no había, que no teníamos.
          __Ufa! __ y se vino a mi mesa , temí por la silla, se sentó a horcajadas, el respaldo de cara a la mesa ,los brazotes cruzados sobre este, medio culo fuera de la silla.
          __Me equivoqué , leí el graffiti en la pared del surtidor y pensé que había gente como uno, divertida, moderna. Por eso entré, ando recorriendo.
          De inmediato supe a que se refería. Entre los pocos graffittis está ese, escrito con pintura verde, que reza: “Basta de realidades, queremos promesas” que tanto me gustó siempre.
          __ Y ... que anda haciendo doña?, vende algo?
          __Vendo cuchillos , manoplas, navajas , un poco de munición y además doy clases de defensa personal y karate
          Salimos con ella y en el side-car (hacía mas de treinta años que no veía uno) había cajas y cajas de balas y montones de cuchillos de siniestros diseños ,en el tropel en que salimos me pisó con una de sus botas, subí mi estimación de su pesa a ciento cuarenta-
          Aunque ninguno compró nada decidió quedarse unos días. Se fue en medio de un ruido bestial de su moto ,que ahora ,afuera, se escuchaba terrible , para la pensión de Doña Verónica.
          Entramos al boliche.
          Toda la charla fue sobre la gorda, la inmensa cara sucia de tierra, los ojos y la frente blanquísimos por las antiparras, el cutis ,que parecía el de una muñeca de porcelana aunque debía tener sus cuarenta bien puestos, Cada teta se adivinaba bajo la campera mas grande que el tanque de la moto.
          La conversación entre tantos hombres, empequeñecidos por la inmensa presencia de la mujer, versó luego sobre suposiciones de índole sexual referidas a la gorda, hubo bromas, risas y varias palabrotas.
          En su mesa, solo, apartado de todos , el poeta seguía en silencio en la misma posición en que estaba cuando entró la osa al boliche.
          Estaba estupefacto.
          Es preciso que les diga quien es o que es éste, el personaje mas pintoresco que tenemos aquí: Veintiocho o veintinueve años, un metro setenta ,pálido, flaco, unos cuarenta y ocho kilos ,morocho peinado con gomina, traje negro como una levita, gastado pero limpio ,corbata de lazo ,anteojos gruesos ,de armazón de metal. Está siempre en babia, escribe poesía (insufrible) anda todo el tiempo con un diccionario de sinónimos que le sirve para encontrar consonantes y así dar con la métrica debida en sus bodrios.
          Toma te. Bien caliente, con poco azúcar y se pasa la tarde en el boliche escribiendo, sin gastar un peso mas de lo que vale UN te . Se llama Juan, creo que Barreto ,pero no estoy seguro.
          Mientras yo conté todo esto ,el poeta sigue sin moverse, los ojos asombrados fijos en la puerta ya vacía, el te ya se le enfrió:
          Nunca había visto( Él ) algo así ,no se pudo recuperar, recién reaccionó cuando Maguirre le avisó que cerraba, se llevó el té , ya helado, y prometió devolver el jarrito de aluminio mañana.
          En la pensión, la gorda tocó la guitarra toda la noche, rock cuadrado , pesadísimo ,bien heavy y además bien fuerte. Doña Verónica dice que cuando terminaba cada pieza se oía un aplausito afuera , en el patio, salió varias veces en la noche a ver quien era pero en ninguna vio a nadie .
          Por la mañana “Elsita” hizo unas demostraciones de cómo se lanzan cuchillos , y cuando invitó a Melitón (camionero del petróleo ,ciento treinta kilos y dos metros ) a luchar amistosamente para “sacarse el frío”,Éste recordó de inmediato que había dejado el calentador encendido dentro de la cabina y se excusó de tener que irse tan pronto,
Juan la miraba desde lejos, estaba embobado con ella, se sentó en el suelo , a escribir, apoyado contra un auto escribió toda la mañana ,cuando la bestia se sentó a comer, una fuente de mondongo con papas ,patas de cordero y chorizo colorado , se arrimó tímidamente a la mesa y le dejó en un rincón de ella unas diez o doce hojas de papel celeste con sus poesías. La gorda las usó como servilletas ,para limpiarse los labios de la salsa, las usó todas(la fuente era grande, no leyó ninguna.
          Esa noche, contó Dona Verónica ,tampoco durmió nada, el poeta , en el patio, recitó uno de sus horribles y melosos versos, después otro y así durante horas.
Como a las siete, Elsita salió al patio, completamente vestida de cuero como cuando llegó ,con las antiparras bajas, arrasadas en lagrimas, se llegó hasta el poeta , se lo puso bajo su brazo izquierdo apretado con una teta, con la otra mano rebusco en su bolsillo derecho , sacó la plata y le pagó a Doña Verónica .
          Arrancó la moto, lo puso en el asiento de atrás y aceleró despacio y se lo llevó, el poeta tenía los ojos brillantes de alegría ,la corbata de lazo desatada y el levitón arrugado por el apretón de la gorda.
          Nunca mas nadie vio a ninguno de los dos ,dicen que pusieron un gimnasio en Punta Arenas.