< anterior proximo >
<< indice imprimir #

Fiestas son las de vizcacheras

            Si me preguntan como llegó, me dejan sin respuesta, no solo a mi, creo que a todo el pueblo. Ninguno sabe de donde salió.
            Apareció en la capilla, a las diez de la mañana, abrió la puerta y salió, los ojos chiquitos, deslumbrado por el sol, lo rodearon enseguida unos chicos curiosos con los forasteros y además sorprendidos por el pelo largo y ensortijado, el aro de argolla en la oreja y esa chaqueta azul , de cuello Mao (o algo así) , con botones dorados y bastante larga y entallada.
            Para aquellos que, como yo , son admiradores de Hugo Pratt puedo describir al extraño como el “Corto Maltés” pero sin gorra de marino. Muy alto, flaco y con cara de haber visto mucho en esos treinta o treinta cinco años que parecía tener.
Para el gusto femenino debió ser fantástico, porque Anita, que tiene veintiún años y nunca le dio bola a nadie, se le arrimó como un rayo , le preguntó su nombre y ahí nomás lo invitó para esa noche al baile en el salón de la Cooperativa.
            William , que así se llamaba, con fuerte acento de gringo ,preguntó si estaba bien vestido para la ocasión, abrió los brazos y se miró el pecho, y la corbata de moño en la camisa, no muy blanca.
            __No tengo otra ropa.
            __Así está perfecto __le dijo la piba ,que hubiera dicho lo mismo ante una piel de oso por único taparrabos o quizá hasta sin la piel también.
            La madre , Eugenia, una señora razonable, la indagó sobre el baile de el que no sabía nada. Anita le informó que lo iba a organizar ahora mismo. Que hiciera dos tortas para llevar y les avisara a sus amigas, hijas e hijos.
            Madre comprensiva, nos guiño un ojo a los que estábamos en medio de la calle y nos invitó:
            __Hay que traer bebidas__ recalcó la s final.
            __O.K.! Eugenia allí estaremos.
            Desde ese mismo momento se desató una actividad febril, después me dijo Natalio que desde Navidad no vendía tanto jabón, peines , gillettes y perfume.
            A las once y cuarto apareció Anita por casa en el auto de la madre, requisaba discos y cassetes , todos bailables, tenía en el asiento de atrás todas las lamparitas de año nuevo de todo el pueblo y las guirnaldas de papel de la sala de cinco de la escuela, ya le había avisado a Canuyán , el de la usina, que necesitaba(mos) electricidad hasta tarde , también me dijo que después vendría a que le ayudara a recolectar sillas con mi camioneta y llevarlas al salón.
            William, entre tanto compró un espejo , chico, jabón , un cepillo y unas tijeras , pagó con una libra esterlina de oro . Me dice Natalio , y le creo, que le dio la mejor cotización posible y que le sobró así mucha plata. Se metió en el boliche, se tomó un Ron y entró luego al baño con el espejo y las tijeras y asentando una navaja barbera en su ancho cinturón.
            Salió bastante mejorado, el pelo un poco mas parejo y mas corto ,mojado y peinado hacia atrás, las largas patillas mas prolijas y bien afeitado. Esos zapatones de taco tan alto , negros y limpios ,sin bien no brillantes , se sentó y con bastante calma se comió un plato de cordero con papas ,ajeno a la curiosidad que despertaba estiró esas piernas interminables, se respaldó y se durmió de inmediato en la mesa del rincón izquierdo, la que no tiene ventana.
            __Está bien que Anita ande loca, es joven, pero ¿a nadie se le ocurrió preguntarle como y cuando se metió en la capilla? __me susurró Maguirre__el cura la cerró con llave el domingo a las doce y hoy es jueves...
            __Menos pregunta Dios pero no ahorca__sentenció el Choique , que nunca consiguió hilvanar un refrán como la gente.
            A eso de las tres me volví a casa a bañarme dormir un rato antes del baile, puse plata para las bebidas en manos de Maguirre, quien prometió buscar también algo sin alcohol para los chicos. En todas las calles del pueblo se sentía el olor a vainilla de las tortas que se horneaban, es notable la falta que estaba haciendo una fiesta y nadie se había dado cuenta..
            Puntual , estuve a las ocho y media con la Ford en lo del irlandés dispuesto a ayudar a llevar la bebida, son dos cuadras pero suponía era bastante peso, pero ya Anita se había ocupado, el tipo raro la ayudó a cargar en el auto, estuvieron trabajando juntos desde las cinco . El frío reinante no eximió de buscar hielo
            El salón era una cascada de luces de todos los colores, todos los autos del pueblo y algunos de Las Grutas estaban ocupando toda la calle, se escuchaba , afuera, el motor de la usina , acelerado a full para proveer tanta luz.
            Una vez adentro debí reconocer que habían trabajado mucho para armar esa fiesta en unas horas nomás.
            Mucha gente comía y bebía alrededor de una mesa gigantesca armada con tablones y caballetes , en la que había tortas , platos, vasos , sandwiches y toda clase de bebidas, algunas parejas bailaban, .
            Junto a la mesa, Anita resplandecía, estaba hermosa, tenía un vestido largo que me parece haber visto en una fiesta de la escuela para aparentar la época de Rosas o cosa así, yo de eso no entiendo pero parecía una dama antigua, muy a tono con Williams , que a su lado apenas hablaba con nadie pero espantaba a los galanes que se arrimaban con solo fijar en ellos esos ojos de fuego.
            Cuando el despistado Choique invitó a Anita a bailar , el extraño lo tomó suavemente del brazo y lo apartó con una sonrisa.
            Después el Choique me mostró los cinco moretones del brazo y me dio que tenía unas tenazas de hielo por manos y que había sentido su frío a través de toda su ropa.
            Me entretuve charlando con una maestra de las nuevas y creo que hasta bailé un poco con ella , una hora después y ya agotado de meter la panza para adentro y sacar pecho decidí sentarme un rato y disfrutar mirando a la gente.
            Si Anita armó todo esto para agenciarse al forastero es preciso admitir que lo logró , todo el tiempo bailaron , siempre mirándose y cuando se paraban a conversar la piba estuvo siempre jugando con los botones dorados de la chaqueta y quitándole imaginarias pelusas de los hombros y otros gestos de esos que las mujeres usan para marcar territorio sobre un varón, algo así como poner carteles de “no pasar” , “propiedad privada”.
            Ya a medianoche y en medio de una algarabía espantosa, motivada por el ponche, la sidra, el gin, el ron, el vodka, la ginebra y el vino, los vi escabullirse para afuera ,al frío polar de la noche estrellada, afuera estaba la camioneta de Prefectura y un suboficial le pidió documentos, lo oí claramente:
            __No tiene uno mas nuevo?, este está vencido.
            Unas palabras en voz baja y un “Vaya nomás” y después la voz de Anita:
            __Gracias
            El suboficial entró muerto de risa, yo ya estaba muy alarmado , lo abordé de inmediato.
            __Que payaso__ me cuenta__ me dio la carta de embarque de la goleta “The Winter”. Una goleta hoy día! ,... dijo ser el capitán, los papeles eran de 1918.
            Agarré de un brazo a Marcial y salimos corriendo , me subí a la Ford y a la carrera se metió el Choique en la caja, a los saltos en el arenal llegamos a la playa sin dejar un solo pozo por agarrar , en el borde de la rompiente y con los remos verticales esperaba una falúa ,(es un bote grande, de mar, de doce remos y timón, casi una ballenera) a unos trescientos metros, en lo profundo, se veían dos mástiles iluminados por la luna.
            Al borde del agua, en la paya, William hablaba con Anita con grandes ademanes.
            Cuando vió la camioneta y a los muchachos que corrían hacia ellos, el extraño avanzó hacia la falúa ,levantando espuma a raudales al adentrarse en el agua.
            Marcial convenció a Anita de quedarse , el Choique lo ayudó
            Me bajé de la camioneta, nos quedamos los tres mirando el bote, Anita dormía en la cabina de la Ford envuelta en nuestras camperas .
            Tardó como veinte minutos en llegar al barco.
            En un rato vimos levantarse las velas y la goleta se hizo al viento.
            Lo único que falta en Vizcacheras es que vengan los fantasmas a llevarse las pocas chicas bonitas que hay!!!!.
            Nos volvimos a la Ford ,Marcial se frotaba la mano dolorida , me senté al volante, Anita dormía como si nada , la mandíbula apenas comenzaba a hinchársele.
            El motor de la usina y la música seguían a todo volumen en la noche