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La historia de los cazadores extranjeros

           En los muy contados días de calor, como así también en los de frío intenso, ahora que lo digo creo que siempre, el despacho de bebidas de Maguirre, con sus gruesas paredes y con sus pequeñas aberturas es un grato refugio para el encuentro, la charla y la ginebra que eso trae aparejado
           La conversación es habitualmente maravillosa: se chusmea bastante, se habla sobre el tiempo y el mar, de autos y mucho sobre el trabajo, del dinero y de los precios.            Por fortuna los temas de la Capital : fútbol y televisión se han quedado por allá .
           Esa tarde no era una excepción: Marcial hablaba sobre la baja en el precio del cajón de pescado y el aumento del fuel oil y se cagaba en Cristo ,como hombre devoto que es.
           El ruido del vehículo que se detuvo afuera nos llevó a todos hasta la puerta, salimos con los vasos en la mano, porque si bien somos todos amigos siempre hay alguno mas sediento y con poca plata.
           La cuatro por cuatro parecía salir recién del salón de ventas, azul oscuro, hermosa a pesar del polvo, hace mas de veinte días que no llueve y la huella está con un colchón de polvo de cinco ctms.. De ella bajaron dos gorditos , de unos cuarenta y cinco años, con ropa verde , de campamento ,nuevísima e importada. La cercanía de Las Grutas nos arroja alguno de estos turistas mas de una vez a la semana.
           Cuando comenzaron a hablar lo hicieron en un idioma que me retrotrajo a la infancia : el Cocoliche ; de inmediato recordé ese momento, en que ni al mas loco de nuestros jóvenes le hubiera pasado por la cabeza la idea de tener otra nacionalidad que no fuera la nuestra , los europeos se veían como fugitivos de su tierra y de su hambre.            Los tiempos han cambiado ,pensé .
           __ Bouna sera amichi , siamo de Lucarno e andamo buscando consejo per cachiare perdiche, domani temprano vamo di cachería.
           __Maravilloso__ me dije y enseguida me acordé de “Tartarín de Tarascón”, un libro de A. Daudet en el cual los cazadores cazaban sus gorras , tirándolas al aire porque ya habían matado hasta la ultima paloma.
           Natalio, les dijo de inmediato que en la farmacia se vendían los mejores cartuchos de la zona. Nos mostraron, orgullosos, sus armas y allí casi me desmayo : el de ojitos azules y lentes traía una escopeta Greener, inglesa, de platinas largas y labradas a mano que debía valer mas de veinte mil dólares y el otro una Franchi, italiana, moderna y muy cara.
           Los que algo conocemos de armas, nos vimos asaltados por esa envidia que te entra por los ojos y se instala adentro, sin que lo adviertas, hasta que finalmente sale por la boca en forma de comentarios ácidos y resentidos
           Tan pronto como pude manejar ese sentimiento les dije, de buena onda, que la nuestra no es zona de perdiz , si lo es de liebre , que nosotros cazamos con bala y no con cartuchos. Pero los gringos ,nada tontos y concientes de la envidia que nos habían despertado, no nos creyeron , educadamente nos preguntaron por un hotel limpio y allá se fueron a la pensión de Doña. Verónica.
           Con los vasos, ya vacíos, entramos al boliche y ahí si empezaron los comentarios :
           __A la Greener solo la había visto alguna vez en un catálogo__le dije a Marcial            __vale mas que tu lancha con todo el pescado arriba.
           __Dios (me cago en él) les da pan a los que no tienen dientes, seguro que estos no le aciertan a una vaca dentro de un ascensor__me respondió el gallego con los labios estirados en un gesto de desprecio
           El espíritu de contradecir en los otros el resentimiento que quería negar como propio me llevó a defender las presuntas habilidades de los turistas .
           __Miren, no se crean, estos tanos son casi todos buenos cazadores, son con la escopeta como los pibes aquí con la pelota; allá hay pasión por la caza.
           No convencí a nadie, todos auguraron su total fracaso, en el fondo yo sabía que perdices hay pocas, muy pocas y sin un buen perro la cosa es mas difícil que imposible.
           A la mañanita , bien temprano escuche desde casa la 4X4 , estaba oscuro todavía y llevaban tanta alegría como para ir cantando a los gritos.
           Pase toda esa mañana acomodando el galpón, limpiando, cambiando las pocas ovejas que tengo de un potrerito a otro y revisando el motor de la Ford , le cambié el aceite y guardé el que saqué en la lata para usarlo después para curar bicheras en los animales, impermeabilizar postes y los otros mil usos que le damos aquí a lo descartable.
           Almorcé un churrasco charlando con el perro, gran oyente que aunque te mire asombrado no te contradice jamás. Guardé las cosas que estaban afuera por si aparece ,al fin, la lluvia y a eso de las 4 me fui ,con la chata, para lo de Maguirre.
           Tal como esperaba ya estaban allí todos mis amigos, les comenté que había escuchado a los tanos cuando salieron , temprano, para cazar. Festejaron con risitas la inocencia de “estos gringos” ¡Venir a cazar perdices donde no las hay!
           En pleno partido de Codillo llegaron los cazadores tocando bocinazos y cantando lo mismo que cuando se fueron.
           En el apuro dejamos no solo los naipes sino también los vasos sobre la mesa y salimos atropellándonos en la puerta.
           Allí estaban, radiantes, uno de los gorditos , el del bigotito, con la pelada y la cara colorada de sol, de alegría y quizá de vino e hipertensión se bajó con una cámara digital en la mano
           __Per favore, nos sacan una foto, per favore
           __Pero.. cazaron alguna?
           __Trentasiete perdiche
           __...!! no puede ser! ... como hicieron
           __Ehh! Hay que sapere... caminare e sudare ...caminabamo junto a lo alambrado ,chito, chito, cuando veíamo una perdiche paradita a lo poste desde lejos, ma bien de lejos!! Y antes que se diera la vuelta ...PUM ... y perdiche a la bolsa.
           El otro italiano , igual de colorado bajo de la camioneta una bolsa ,llena de manchas de sangre y de esas plumas chiquitas marrones y negras , a pintitas, y fue sacando los pájaros. Los puso en filas perfectas de a seis en el suelo , en la arena de la calle.
           Seis filas y la que sobraba la agarraron cada uno de un ala y se pararon detrás de ellas con las escopetas en la otra mano, allá al fondo de la escena, bien al medio y con sonrisas que parecían relámpagos en la noche
           __Si no llevamo la foto no nos creen allá en Lucarno.
           Saqué como quince fotos, desde todos los ángulos posibles, les devolví la cámara, revisaron las fotos una por una se abrazaron, recogieron los bichos, los metieron en la bolsa , agradecieron a todos y se fueron tocando bocinazos y cantando algo así como “eran tres alpinos...”
           Demudados, en silencio, entramos y recogimos las cartas , llenamos los vasos y recién allí, aún estupefactos, nos miramos .
           Al fin me decidí a romper el silencio .
           __ Y ahora? ...tenían o no puntería esos gringos?
           __Y ... si... en toda mi vida nunca vi tanta lechuza muerta.
           __ Cosa e’ Mandinga __dijo el Choique
           __Criaturitas de Dios (el muy puto) __ cerró Marcial