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La historia de la noche terrible

           El despacho de bebidas está siempre lleno a esa hora,. Seríamos como diez o doce, esta cantidad es mas que suficiente para llenar esa pieza, hay en ella cuatro mesas , bastantes sillas y una estufa con tiraje , que cuando está encendida hace un ruido como el del mar pero constante; funciona con cualquier cosa que sea combustible o con una mezcla de ellas, gas oil, fuel, aceite de coche usado .Cada vez que el Nacho le cambia el aceite a algún coche se lo trae en una lata y se lleva puesto un vaso de vino a cambio. Sobre esto me permito una digresión: cuando vi esto ,ni bien llegue al pueblo, me alarmó y me cuidé muy bien de pedir nunca una milanesa ,por las dudas el aceite fuera para freírlas, cuando me lo explicaron me dio tanta risa mi ignorancia que, para resarcirme de ella, me pedí dos empanadas, fritas. Hace meses pero mi organismo no se ha recuperado totalmente .
           Vuelvo al boliche.
           El ruido de las voces es muy superior al de la estufa, el estar todo el día a campo abierto lleva a esta gente a hablar a los gritos. Por eso creo que el grito del Negro Noguera debió ser terrible.
           __ Nos invaden los chilenos__aulló abriendo la puerta de una patada.
           El revuelo fue tremendo, se pararon todos de golpe y corrieron a la puerta, algunos, llenos de fervor patriótico y de vino quizá ,manotearon el cuchillo . Cosme el mecánico se robó una botella medio llena , yo lo vi.
           Soy hombre curioso ,pero descreído, por eso terminé tranquilo mi ginebra y me fui para la puerta, no quería perderme la invasión, nunca había visto ninguna.
           Los invasores eran unos diez o doce , venían en un camioncito Chevrolet , viejo pero marchoso.
           En la caja venían un montón de muchachos y en la cabina una pareja mayor y un piba de unos quince años. Arrastraba el camión un acopladito lleno de cosas, que al verlas indicaban a las claras una mudanza.
           Frenaron en la puerta y se bajó solo el chofer ,se presentó y contó que había comprado un lote y que venían a radicarse , se llamaba Angel Velarte y esa era su familia. Su mujer, Doña Angélica saludó por la ventanilla.
           Le indicaron la ubicación del lote, cosa sencilla ,el pueblo solo tiene dieciocho manzanas no muy construídas, y allá se fueron .
           Una hija , ellos dos y ocho muchachos, todos albañiles .
           Mucha mano de obra para este lugar en que cuando uno construye ayudamos todos y al terminar el dueño de la casa paga el asado , el pan y el vino.
Hicieron la casa en dos días, las mujeres durmieron en casas vecinas y los hombres en el camión. Con las paredes todavía húmedas se metieron adentro y se acabó el espectáculo.
           Resultaron buena gente, todos los varones se llaman Angel y un segundo nombre distinto para poder llamarlos de a uno, la muchacha Angela , las dos mujeres eran y son costureras , pero costureras finas, modistas diría yo , el padre pocero, albañiles los muchachos , gente de trabajo.
           Todavía hoy no se a quien se le ocurrió mencionar la palabra Lobizón , cayó como una bomba , antes del mediodía los teníamos a todos numerados , el fatídico siete le cayó a Angel Rosendo , nos olvidamos del resto.
           Ahora bien, al séptimo hijo varón lo apadrina siempre el presidente de la Nación en nuestro país y en otros mucos, esto se hace porque un padrino importante evita los malos tratos que se dan a estos pobres desgraciados , es la adaptación de una costumbre medieval que aún subsiste.
           Al pobre Rosendo lo había apadrinado un oscuro concejal que tenía una panadería en Urdapilleta ,esto no lo había protegido en nada.
           Se notaba que siempre lo habían discriminado, estaba en todo momento a la defensiva ,mientras hablaba siempre estaba volteando la cabeza a la puerta, se quedaba siempre cerca de ella y cuidaba que nadie se interpusiera entre el y ella, tenía diecinueve años.
           Yo soy supersticioso ,pero al revés, paso por debajo de escaleras sin razón alguna, aunque a veces deba desviarme un poco para lograrlo, me gustan los gatos negros y las lechuzas, fiel a mi costumbre contraté a Rosendo para hacer en casa una tapia, de piedra, del lado Sur , perpendicular al mar.
           Como las piedras las juntamos en la costa ,llevó esta mucho trabajo y por lo tanto muchos días ,pero cobraba barato y ahorramos en ladrillos.
           Este pibe, no tenía pinta de lobizón, ojos negros , dientes chiquitos, tenía pelos en la palma de las manos pero todos me dijeron que eso era por otra cosa, era flaco, muy flaco, demasiado, pero fuerte , trabajador y callado.
Yo estaba pendiente del almanaque, miraba las lunas , cuando ya no aguanté mas empecé a preguntarle:
           __ Y como es eso de ser lobizón?
           __ Es duro Don ,me he comido varias garroteadas de padre y muy señor nuestro, además , en casa , cuando llega la luna llena , me atan , me encierran y solamente me dan a comer Dogui , las otras marcas mas baratas me dan urticaria.
           Cuando la luna estaba por cambiar yo ya tenía mi plan , le dije que se viniera a dormir a casa , así empezábamos bien temprano.
           __Mire Don, queee......
           __Vos vení.
           Le armé una carpa de campaña en el corral, encerré el caballo y el perro en el galpón y las gallinas y las ovejas las llevé a lo de Doña Verónica para que me las cuidara ,dejé en el corral un capón grande al que le tenía bastante bronca porque tenía la costumbre de toparme cuando me agarraba descuidado.
           La primera noche todo normal ,pero la luna cambiaba el 22 a las doce de mediodía y estabamos a 21 .
           La ansiedad que me dominó me llevó a hacer cosas insensatas ,como pagar tragos en lo de Maguirre a gente que casi no conozco, me lo pasé en el boliche como hasta las seis, Rosendo seguía cargando piedras.
           Dogui no compré.
           A eso de las siete, se bañó y sin comer se fue para la carpa , el capón lo miraba fiero y el perro estaba nervioso cuando lo encerré.
           Me metí a la casa, comí temprano , preparé la linterna , la carabina, una pistola 9mm , le eche llave a la puerta y me puse a esperar, eran las 9 y la hora no pasaba nunca .Las agujas del reloj parecían pesar una tonelada cada una.
A eso de las doce empezó la cosa.
           El perro ladraba en galpón como loco, el caballo relinchó un par de veces y se oían gruñidos, el capón balaba y se lo escuchaba correr en el piso de tierra del corral.
           Agarré la pistola y la linterna. Ahí me acordé que balas de plata no tenía ninguna , no me gustó ni medio , resuelto me encaminé para la puerta.
           La tapié con la biblioteca grande . La mesa y las sillas las usé para tapar la ventana, hice un círculo con sal gruesa (toda, no encontré la fina en ningún lado) en el suelo y me metí dentro de él, en el medio, sentado y tapado con una manta ,puse junto a mi la pistola ,la carabina, la linterna, todos los cuchillos, algún tenedor pinchudo, la tijera, la Victorinox y una estampita de San Apapucio (me avergüenza contarlo pero tenía también una aguja de tejer numero 5 que se olvidó la chilena que me limpia la casa).
           Fue interminable la noche, los ruidos pararon como a las tres ,pero fue peor el silencio ,yo me imaginaba a Rosendo como una bestia peluda y llena de colmillos , que daba vueltas alrededor de la casa buscando por donde filtrarse ,por momentos lo oía sobre el techo. En todas partes.
           La oscuridad era total ,la luna no podía pasar por las aberturas tapiadas.
Como a las nueve de la mañana empecé a sacar todo, el sol calentaba y los fantasmas comenzaron a irse de casa . Acomodé todo: las armas, los cubiertos y barrí la sal.
           Abrí la puerta muy de a poco ,listo a cerrarla.
           Ni un ruido que no fuera el de algunos pájaros que siempre cantan. Una mañana normal, eran las diez, fui tomando coraje, me asomé despacio ,después volví por la pistola y salí, en puntas de pie , alerta y preparado, el sol tranquilizaba bastante.
Nada.
           Me fui para el corral , la carpa estaba abierta y caída , las estacas arrancadas , el capón no estaba, en el fondo vi su cabeza, en un charco de sangre ya coagulada .
           De Rosendo ni noticias, seguí recorriendo apuntando para todos lados con la pistola , creo ,hoy, que si alguien en ese momento me chistaba lo mato sin dudar .
           Fue entonces cuando lo vi.
           Allí estaba .
           El cuero , bien desollado , colgaba del alambrado .En el suelo ,junto a los restos de la hoguera que todavía humeaban , estaba el frasco de la sal fina y unos pedazos de pan . En la parrilla, hecha a las apuradas con alambre, quedaban unos pocos pedazos de carne que después le di al perro ,no quedaba ninguna otra señal de esa noche terrible.
           ¡ Que hambre tenía el flaco ese!
           No le quise reclamar el capón a Don Angel
           Aquí valen poco.