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La historia de la apuesta

           Somos tan pocos ,acá, en Vizcacheras que cualquier cosa que pase es como si nos pasara a todos. Una muerte o un nacimiento tiene tanta repercusión en el plano social como en el familiar.
           Así y todo, hay familias y familias.
           No son iguales los Milic ,yugoslavos malhumorados ,cuyos chicos, tres demonios, que tiran piedras a los pocos autos que circulan y administran, a la hora de la siesta ,poderosas lavativas a los perros de los vecinos, que los Ibarbia ,pareja joven y amable.
           Él es marinero en la flota pesquera de altura que tiene asiento en San Antonio Este (el puerto mas moderno del país , a través del cual sale toda la producción frutihortícola del valle hacia puertos europeos y tiene un movimiento terrible) y ella es una muchacha pequeña, morochita , que todo el mundo quiere, cuida los chicos de las demás, ayuda a todos en lo que puede , nunca dice mas de cuatro palabras juntas y siempre lleva una sonrisa de repuesto por si algún percance le hace caer la que lleva puesta día y noche.
           Hace cuatro años que están aquí, no tienen hijos, es obvio que ella los quiere, está con chicos todo el tiempo, los acompaña, los mima, les lleva la bolsa de la compra si es pesada y tiene siempre caramelos en los bolsillos.
           Cuando se embarazó no dijo nada ,pero se le notaba y mucho, mas en los ojos que en la panza.
           Nos alegramos ,todos, lo felicitamos tanto a Juan Alberto que tuvo que anotar por primera vez la cuenta de las ginebras porque ya no le quedaba plata encima para seguir pagando rondas en lo de Maguirre.
           Son así ,buena gente.
           Juan Alberto vino a casa innumerables veces ,solo a tomar mate y a contarme historias de la pesca en alta mar , tengo de eso muchos apuntes, sospecho que lo hace solo por acompañarme y darme material para escribir ,porque hay que tener ganas de venirse en bicicleta ,cuesta arriba en huella arenosa e irse después ,casi en la oscuridad, un kilómetro hasta su casa. Lo quiero, su alegría es la mía .
           Por otra parte, en la vereda opuesta, el gremio de las mujeres, creo que estas agotaron toda la lana que había en la farmacia, todas tejieron algo (hay algunas prendas monstruosas, con mangas mas largas que el cuerpo y de los colores es mejor no hablar). María Fernanda , no se de que novela mexicana sacó el nombre la madre, agradeció todo, su casa parece una tienda para bebés ,está todo en perchas ,paquetes y bolsas de nylon a la vista de todas las que van a dar consejos y llevar mas ropa.
           Cuando empezaron los truenos eran las tres de la tarde , yo estaba ,donde? : en el boliche de Maguirre , que raro ¡ , y la chilena dice:
           __Con esta tormenta seguro que nace hoy la nena.
           Debo decir que nadie sabe si es nena o varón ,por lo menos nosotros, si hubo ecografías reveladoras solo lo sabe Ma.Fernanda , ha sido discretamente interrogada por todos , me incluyo, por el asunto de las apuestas ,pero dijo siempre que no quiso saber.
           Maldición! , Juan Alberto recién desembarca mañana o pasado__ me dije __Vega, a vos te toca ir a ver y llevarla a San Antonio Oeste si hace falta__ arranqué para la casa con la Ford.
           Menos mal.
           A los manotazos metió todo en un bolso que parecía un baúl, tenía la panza como un globo terráqueo ,solo que bien abajo .
           Me apuré, pasamos por el boliche bastante rápido, todos saludaron a los gritos, el aguacero se largó cuando yo me bajé en lo de Doña Verónica , subí a la vieja a los tirones. Ni loco me mando solo con la parturienta , setenta y dos kilómetros en la lluvia por ese camino traicionero.
           La piba estaba blanca, apretaba los labios( y las piernas) en cada salto, bajé la velocidad y la ansiedad ,empecé a esquivar los pozos sin correr tanto, me dije que por diez minutos mas no valía la pena arriesgar nada.
           Llegamos al hospital bastante comprometidos ,yo creo que la nena o el nene ya lloraba ,entramos como un rayo y yo, como buen porteño prepotente , armé tal kilombo que le dieron una cama enseguida.
           A la media hora el varón (le gané $50 a la chilena. Bién!!, tres días de limpieza gratis) ya estaba en neonatología, lo fui a ver.
           Hace unos años trabajé como profesor en una escuela para discapacitados, formé un equipo de tiro con miras a las olimpiadas especiales, tan pronto vi al bebé reconocí de inmediato el síndrome de Down , ¡Una maldita trisomía , maldito cromosoma y x y ¡! Si no me acuerdo mal era el 21 o 22.
           La desgracia me congeló ,no era justo, el dolor me cayó encima como antes la lluvia. Doña Verónica estaba muda y seria, parecía de piedra.
           Antes de entrar a la pieza, compartida con otras cuatro, donde MaFernanda esperaba por el bebé ,hablé con el medico que la atendió.
           __ Que Down ni Down ¡? , es un chico normal , sano , a término, todo salió perfecto ,lo que pasa es que es oriental ,no se da cuenta?.
           Ay mi madre!! , la cara del japonés Turú ,petisito ,obsequioso y morochísimo , que vendía fertilizantes en el pueblo hace algunos meses ,se me apareció como si alguien proyectara su foto en la pared descascarada del pasillo.
           Ninguno de los tres hablamos al regreso ,el japonesito ,el cuarto, hacía ruiditos con la boca ,solo se escuchaba eso y el esforzado motor de “la colorada” en la cabina de esta.
           Al llegar al surtidor de la entrada ,me imaginé al pueblo entero rodeando la Ford al pasar por el boliche ,la lluvia ya había parado.
           __Llevalas vos Nacho, yo estoy mareado ,me quedo aquí ,sentado, si viene alguno te lo atiendo, después traeme la pick up ,ya voy a estar mejor.
           Allá fueron ,el viento barría las nubes como una escoba.
           Parece que dos bombas no fueron suficiente.